domingo, 16 de septiembre de 2012

Noche sin estrellas.

Mientras el anochecer avanzaba,
se perdía el ocaso entre las nubes
de ligera llovizna reciente pasada,
la cual venia trayendo consigo
dulce nuevo recuerdo para hoy.

Empezó la noche a mitigar sus luces,
 así con ella, la luna y las estrellas
en creciente calma cedían su cometido.
Otorgaron paso a quien cuya belleza
no podrían eludir admirarla.

Hermoso semblante, mostraba felicidad,
del reino aquel lejano al cual pertenecía
rasgos de sutileza y ocurrencia presentaba,
Propio de la princesa en singular momento
 el cual era mi deleite poder compartirlo.

Esta noche el cielo ha apagado su luz,
he visto bellos luceros iluminar la oscuridad,
pero los que ahora tengo frente a mi,
no pueden ser comparados con ningún otro
de todos aquellos que antes he presenciado.

De aquel anhelo de poder llegar a verla
he sido participe de su maravillosa gracia
al sonreír y mostrarme el candor de su alma,
constantemente disfrutaba cada instante,
 obteniendo ser atrapados en mi memoria.

Inoportuno sería ocultar esta  noche,
ahora me ha concedido que pueda distinguir
 su íntegra belleza, realmente admirable,
con tan solo concederme el rozar su perfil
 presento mi más delicada muestra de sumisión.

Cercano a sus ojos puedo palpar la dulzura
de aquella primavera guardada en su pecho,
la que aspiro poder atraparla y contenerla,
sin malograr del rastro de mi memoria
esta mágica noche colmada de hermosura.